Diario de Toronto día 6

Kinetoscopio Edición 103 / Festivales

Diario de Toronto día 6

Septiembre 10

Orlando Mora

Andrzej Wajda es parte esencial de la historia del cine polaco. Su célebre trilogía de la guerra en la década del cincuenta abrió el espacio a toda una generación de directores y el cine de su país alcanzó en esos años un lugar de privilegio en el conjunto del cine europeo de autor. A sus más de ochenta años de edad Wajda acaba de recibir un homenaje en el festival de Venecia y allí presentó fuera de concurso su último trabajo Walesa, el hombre de la esperanza. Toronto ha sido el segundo lugar para la exhibición del filme, que ha venido acá apoyado con la presencia física del viejo maestro.

El autor de Cenizas y diamantes (1958)  siempre estuvo interesado por la Historia con mayúscula y buena parte de su filmografía gira alrededor de preocupaciones personales en esa lína. En esa medida no extraña que haya tomado a Lech Walesa, el trabajador de astilleros que a la cabeza del sindicato Solidaridad derrumbó el viejo régimen comunista, llegando a ganar el Premio Nobel y a ocupar la cabeza del gobierno de su país. La mirada de Wajda sobre Walesa es de abierta admiración, planteado una película que reconstruye los años claves de la lucha política del personaje, utilizando con inteligencia una buena cantidad de material de archivo y dejando que los mecanismos de la ficción funcionen para contar lo que es biografía personal de Walesa, incluida parte de su vida familiar. Solo el tiempo dirá si este filme sea el último de su director, pero en todo caso sería una forma apropiada de decirle adiós a una vocación que mucho aportó al cine. La película, por fortuna, ha sido adquirida para Colombia por la distribuidora Cineplex.

También de Polonia llegó uno de los filmes que mejores críticas cosechó a la largo del festival. Se trata de Ida, filme que marca el regreso de Pawel Pawlikowski a trabajar en su país luego de una carrera exitosa en Inglaterra. La película se vuelve prontamente admirable a partir de su hermosa fotografía en blanco y negro y  la pureza de una puesta en escena de rara maestría, pero tal vez se resiente un poco de ciertas inconsistencias en la evolución de la historia centrada en la Polonia de los años sesenta, cuando todavía muchos preguntaban por el destino de sus antepasados judíos sacrificados en los días de la Segunda Guerra Mundial. El tema de la culpa proporciona las motivaciones a los dos personajes principales y es ahí donde se sienten ciertas fragilidades, por lo menos en nuestra apreciación personal.

Una opera prima brasilera parece revelar un nuevo talento para el cine de ese país. Se trata de Fernando Coimbra, con estudios de cine en la Universidad de Sao Paulo y una filmografía de algunos cortos con buenos reconocimientos. Un lobo detrás de la puerta es uno de los comienzos más brillantes que recordemos en el cine brasilero en los últimos años, y si bien es siempre conveniente tomar distancia frente al entusiasmo de las muy buenas primeras películas, hay algo acá que nos hace ser un poco más optimistas. Las limitaciones que encontramos en la obra tienen que ver más con el guion, ya que la realización es de una solvencia a toda prueba. Digamos que la dirección es mejor que la película, con lo cual las esperanzas de un buen futuro resultan más fundadas. Un crimen pasional difícil de imaginar y narrar, con una soltura narrativa que convence a plenitud.