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Entrevista con Jarlin Martínez, protagonista de Manos sucias

Kinetoscopio Edición 108 / Festivales

Entrevista con Jarlin Martínez, protagonista de Manos sucias

Elogio del esfuerzo

 

Fotografía: María Victoria Puerta

Por Maria Victoria Puerta
Madrid, España

 

Jarlin Martínez es un luchador. El joven actor, originario de Buenaventura, se formó como actor en la Universidad del Valle. Compagina su profesión de actor con la de modelo de pasarela. Siempre guapo y hermoso, con su rostro tremendamente expresivo de amplios registros que van desde el chico dulce e ingenuo hasta el más resentido y violento sociópata. A simple vista parece un muchacho pero ese aspecto aniñado desaparece ante la madurez de su conversación y la complejidad de su mirada ante la problemática social en la que están atrapados no solo los jóvenes oriundos de Buenaventura como él sino una amplia mayoría de colombianos.

Jarlin consiguió superar todas las barreras hasta conseguir llegar a una vida distinta a la marginalidad. Ingresó a la escuela de actores de la Universidad del Valle donde terminó sus estudios de actuación; cansado de no conseguir papeles en el mundo del cine, se dedicó a la pasarela sin abandonar sus esfuerzos para obtener algún proyecto cinematográfico. Por fortuna el norteamericano Josef Kubota Wladyka lo eligió para protagonizar Manos sucias. Y como en Estados Unidos nada le sobra a un actor, ahora solo le falta perseverar en sus estudios de inglés y completar su formación de canto y baile.

¿Cómo consiguió el papel de Jacobo Castillo?

Cuando ya estaba punto de rendirme, mi agente, Daisy Marroquín, me llamó para que hiciera un casting para una película que se iba a rodar en Buenaventura. Me puso frente a un computador y yo me hice un monólogo que estremeció al director. Y me dijo ‘¿usted donde estaba? ’. Mi papel era el de Delio, pero Josef inmediatamente me dijo que iba a hacer el de Jacobo, que es más duro, pues representa al paramilitar. Ya tenía previsto traer al actor de Costa Rica, porque en Colombia no encontraba a Jacobo.

¿Cómo fue la construcción del personaje, el trabajo para conseguir una imagen más adulta y sufrida?

Cambié de dieta y me olvidé del mundo del modelaje. Aunque me encanta la moda, mi vida se volcó a las calles de Buenaventura. Me dejé crecer el pelo y estuve en los barrios de mi infancia. Me sentía muy deprimido, pues la memoria emocional de la que habla Stanislavsky era fundamental para crear a Jacobo, un hombre que pese a su juventud ya está marcado por el horror. Estar en el mar, conversar con chicos que estaban al margen de la ley hizo que me sintiera poseído por Jacobo Castillo, un personaje conflictivo que sufre mucho porque sabe que debe continuar. No tiene más oportunidades. Yo sentía que Josep quería más expresión corporal que palabras. Para él era importante que fuera de Buenaventura. Así que me tocó regresar y retomar matices que había perdido por mi trabajo en Bogotá. Estuvimos encerrados en un hotel un mes entero con el director y el traductor Alan Blanco y el mensaje del director era siempre ‘¿qué tienes para dar?’.

Te formaste para ser actor. ¿Cómo valoras el hecho de que muchos directores trabajen con actores naturales?

Yo no creo mucho en los actores naturales. Que no tengan formación es otra cosa, pero cada vez que te ponen una cámara estás actuando. Y no es tan natural. La formación es clave, porque hay cosas que no consigues si no has tenido algún tipo de educación. Yo creo que Colombia está entrando en una nueva era del cine en la que se buscan perfiles profesionales que cumplan con las expectativas de directores que miran cada vez más a los mercados internacionales. Y para eso se necesitan actores que estén todo el tiempo formándose. De hecho solo hay tres actores profesionales en la película, Jader, Delio y yo. Este tipo oportunidades son únicas. Era una esponja en aquel equipo que trabajaba con la ayuda de Spike Lee, al que ya había visto trabajando en Malcolm X. Por momentos me pellizcaba y sí, estaba allí con un equipo de más de 150 personas, en condiciones muy duras por la humedad, los bichos y la situación de violencia que se vive ahora en el Pacifico, pero el rodaje era una experiencia súper enriquecedora. Y aunque no pude ir al festival de Tribeca y conocer a Spike Lee, sí lo he hecho por teléfono. Espero verlo algún día. Estrecharle la mano y decirle ¡cómo está, señor!

¿Cómo valoras la historia de Manos Sucias?

Yo creo que es muy significativo y triste que vengan de otro país a contar nuestras historias. Esta película ha gustado mucho, pero no fue un proyecto pensado por alguien de la tierra. Quizá las historias de Buenaventura no han sido explicadas de manera clara y hace que muchos creadores no las quieran contar porque tienen una idea errónea, llena de prejuicios. Josef se va cinco años a Buenaventura. Cinco años que le permiten conocer la vida real. La palpa. La vive. Y le permite contar con mucha honestidad esa crónica de vidas rotas.

Sé que ahora se van a hacer por lo menos tres películas en Buenaventura. Pero se necesita más, porque más allá de ser afros somos colombianos. Espero que el muro que hay entre los afros y los mestizos se siga derrumbando porque el talento está ahí, esperando. Son actores increíbles esperando su oportunidad.

Y en Huelva recibiste el premio especial del jurado y el de los lectores del diario de Huelva. ¿Qué tienes para decir?

Un premio es un mensaje que invita a la gente a seguir soñando con ser mejores personas y creo que para Buenaventura es un motor para buscar la salida, que nos conozcan, que sepan del dolor y de las historias que, más que respuestas, tienen muchas preguntas.