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EL gótico tropical de Luis Ospina en Madrid

Kinetoscopio Edición 109 / Zoom

EL gótico tropical de Luis Ospina en Madrid

 

Fotografía: Victoria Puerta
Por Victoria Puerta
Madrid, España

Desde finales de los años setenta el cine de Luis Ospina ha sido un invitado de honor en festivales y retrospectivas en España. Aprovechando el desembarco de Colombia como país invitado de la Feria de arte contemporáneo, Arco, el Museo de Arte Reina Sofía presentó el ciclo de cine El agente triple, en el que se pudo revisitar una producción que gana con el paso del tiempo.

Luis Ospina, en palabras de Chema Gonzalez, curador del ciclo realizado en el Museo Reina Sofia, es “imagen esencial en el tiempo o excepción histórica”. A lo que Ospina responde “No soy el que debe decir que soy una excepción histórica pero siempre me he considerado un outsider o una voz disonante dentro de lo que se está haciendo porque también me he orientado, desde hace muchos años, por una vía documental. Cuando comencé, los cineastas podían contarse con los dedos de una mano, hacíamos películas con las uñas y algunas se están presentando aquí en el Museo Reina Sofía, como ¡Oiga, vea! que fue el primer documental que hice con Mayolo. Rodábamos en fílmico que era muy caro y como no había apoyo del Estado nos financiábamos con nuestro dinero y con el dinero de los amigos”.

“He pasado por varias etapas: Hice una película de largometraje con Focine en el año 81, 82; luego el Estado se olvidó del cine diez años pero seguí produciendo mucho porque ese momento fue el inicio del cambio de tecnología, de los nuevos medios y también de los canales regionales. Nosotros en Cali teníamos con la Universidad del Valle un programa semanal de documentales y se pudo crear casi una escuela de documentales de la que yo fui uno de los pioneros junto con Carlos Mayolo”.

“Cuando hice Pura sangre el género de horror tenía un precedente en Jairo Pinilla, que hacía películas de horror muy populares. Nosotros, que estábamos muy influenciados por el cine norteamericano, pensamos que algunos de esos géneros se podían hacer en Colombia, entre ellos las películas de serie B como Pura sangre o Carne de tu carne o, por ejemplo, mi película Soplo de vida que es prácticamente la película que introduce en Colombia el cine negro. El cine negro se ha hecho en Francia, en EEUU, se ha hecho en España, se ha hecho en Argentina, y pensamos: si en Colombia vivimos una película de cine policíaco todos los días, ¿por qué no aquí?”.

Aprovecho la experiencia vital que ha acompañado a Luis Ospina para preguntarle por qué el cine colombiano aún no iguala en cifras de público la buena marcha de la producción cinematográfica, y sin dudarlo responde que “las películas también tienen que pasar la prueba del tiempo. Lo digo personalmente porque Agarrando pueblo, que rodé en el setenta y siete, ha tenido una nueva vida treinta y pico de años después. Otra cosa que pienso es que el público colombiano tiene el gusto deformado por el cine que se viene haciendo por Hollywood desde la Guerra de las galaxias. Todo está orientado hacia la superproducción, hacia el entretenimiento y el espectáculo. Por otro lado, está la deformación que ha ejercido en el público la televisión; si bien Colombia no ha tenido una tradición cinematográfica, sí ha tenido una tradición televisiva muy exitosa. Las películas con más recorrido son las que se basan en la comedia televisiva: Tienen su casting televisivo, su forma de narrar televisiva, sus diálogos, sus libretos, entonces... Yo creo que las películas a veces logran encontrar su público”.

“El cine colombiano no existe, nunca ha tenido una industria, hay películas; en una época estuvo Rodrigo D, en otra La estrategia del caracol. Aun así me siento muy bien porque la experiencia cinematográfica ha cambiado mucho, el cine se ha movido de las salas y ha cogido otra vía que es la de los Museos, de los Festivales. No siento que mis películas tengan que pasar por las salas del cine comercial, no soy un Don Juan del público para seducirlo, el público es el que tiene que cambiar. Hay una gran diferencia entre la gente que quiere estar en el cine y la gente que quiere hacer cine, que realmente siente que necesita hacer cine”.