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Selma, de Ava DuVernay

Kinetoscopio Edición 109 / Reseñas

Selma, de Ava DuVernay

El Oscar es un hombre blanco de los sesenta


 

Por Diana María Agudelo

Medellín, Colombia

Selma (2014) es una película excepcional, de esa manera en que las películas traspasan lo evidente y se puede entrever –por medio de su dirección, guion, cinematografía, actuaciones, vestuario, diseño de producción y todos los elementos que aportan al medio– el arte detrás de las luces y las sombras. Pero también es una película excepcional de la misma forma en que lo son filmes recientes que tratan temas reales como Lincoln (2012) y La lista de Schindler (1993), ambas de Spielberg, y como lo es Malcolm X (1992) de Spike Lee. Las cuatro películas nombradas tienen como centro a una figura política, personas que luchan por mejorar la vida de otras personas. Hombres no tan buenos, que sufren, pero que sobrepasan de manera heroica los miedos que aquejan a esa población que representan.

Con Selma recordamos a Martin Luther King Jr., no sólo como un “héroe” sino como un hombre obligado a tomar decisiones difíciles, y a través de su imagen miramos a un Estados Unidos que todavía es una nación dividida y donde hace tan solo cincuenta años millones de sus ciudadanos luchaban por la libertad de poder caminar sin miedo, de poder votar sin trabas en las elecciones de su país.

es también la ficha que faltaba para seguir conversando sobre el problema de la raza en Estados Unidos y sobre el racismo a escala mundial. La muy joven y nueva directora Ava DuVernay se basó en el guion de Paul Webb para filmar la historia de uno de los pasajes de la vida del activista, desde el momento en que recibe su premio Nobel de la Paz hasta que llega a Montgomery, Alabama tras una marcha desde el pueblo de Selma. Los tres intentos por lograrlo y sus violentas represiones en el puente que debían cruzar para empezar la caminata, son mostrados en este filme que retrata la histórica lucha que emprendió King para lograr el derecho al voto de los afroamericanos.

En toda esta crónica –en cuyo argumento nada falta o sobra– es magistral la mano invisible pero certera de la directora. Con tan solo otros dos largometrajes previos en su haber, DuVernay jamás dramatiza los eventos, nunca endiosa al protagonista y todas las escenas son una pequeña obra maestra de la dirección. En particular, un momento clave al principio de la cinta en la que la tranquilidad infantil es violentamente interrumpida se convierte en la terrible sorpresa que anuncia la importancia de la película. Es precisamente en el tratamiento de las escenas más violentas donde se encuentra la única libertad estética que el filme se permite, y logra así un efecto devastador.

No se debe dejar de afirmar que al no recibir nominaciones en los premios Oscar, David Oyelowo –que interpretó a King con la mezcla perfecta de dignidad y humanidad–, el cinematógrafo y la misma directora fueron robados de una plataforma maravillosa para llevar esta obra de arte a su justo reconocimiento. Más allá de si era una buena película con un tema “negro”, Selma es una cinta excepcional, hermosamente construida y destinada a ser recordada por mucho más que su Oscar a mejor canción original en 2014.

Su valía está representada en los hechos descritos, en la forma en que el filme se queda en la mente tiempo después y nos hace recordar que en el Estados Unidos de 2015 tres jóvenes negros –Michael Brown en Missouri, Eric Garner en Staten Island y Traivon Martin en Florida– fueron asesinados a manos de fuerzas del orden, simplemente por su color de piel. En dos de estos casos sus asesinos fueron perdonados. Con todo esto sucediendo en el día a día del país por el que Martin Luther King Jr. luchó, es probable que en el próximo festivo dedicado a su nombre muchas personas reflexionen sobre todos los puentes que faltan por cruzar.