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Kinetoscopio Edición 110 / Reseñas

 

La pasión de Mary Bee Cuddy

Deuda de honor, de Tommy Lee Jones

Por Juan Carlos González A.

Medellín, Colombia

 

Deuda de honor (The Homesman, 2014) tiene contagiado el aire humano y melancólico de los filmes de Clint Eastwood. No solo de sus westerns, sino de su cine en general. Se siente en esos paisajes desérticos y agrestes –pero bellos– que el cinematografista Rodrigo Prieto filmó para el director Tommy Lee Jones; se siente en el tono del relato, desprovisto de solemnidad; se siente en la sensibilidad de los personajes y también en su profunda soledad.

Creo que ese tono era el adecuado para este relato de la frontera Oeste basado en una novela homónima de Glendon Swarthout publicada en 1988 –es la sexta vez que se adapta al cine una obra de este autor; curiosamente, una de ellas fue The Shootist en 1976–. La historia es poco común para un western por tener la perspectiva de una mujer, Mary Bee Cuddy (Hilary Swank), una solterona que se las arregla por sí misma en su granja ante la imposibilidad de conseguir un marido.

Deuda de honor no se centra exclusivamente en ella: es un retrato plural de lo que representaba ser mujer en esos tiempos, donde su papel casi que se reducía a complacer sexualmente al marido, tener hijos y sostener un hogar (que no era poco), sin posibilidad de emanciparse o de vivir solas si así lo decidían. Mary Bee ya está en la incómoda categoría de solterona, pero no por vocación o voluntad. Sencillamente no logra interesar a los hombres a su alrededor y eso le genera ansiedad y una presión social que trata de sobrellevar con dignidad. A su alrededor ve ejemplos de lo que es la vida marital y tampoco se trata de paraíso alguno: tres mujeres de su pueblo –Loup– han perdido la razón ante la difíciles condiciones de vida que ellas, como parte de familias pioneras, deben soportar: climas feroces, plagas que acaban con el ganado y los cultivos, enfermedades infecciosas para las que no había cura, soledad, carencias y pérdida de los seres amados. Pese a eso Mary Bee quiere encontrar un esposo. Lo necesita.

A Mary Bee, por su condición de soltera y sin familiares, le encomiendan una misión que no es para ella: llevar a esas tres mujeres a Hebron, Iowa, donde la esposa de un párroco puede cuidarlas. No solo hay que atravesar el río Missouri, hay que enfrentar posibles forajidos, ataques indios y el invierno. Por eso recurre a un improbable aliado, George Briggs (Tommy Lee Jones), un rufián al que le salva la vida con la promesa de acompañarla en este viaje. Buena parte de Deuda de honor es entonces una road movie, que describe las vicisitudes del periplo hacia el Este y por eso es fácil confundir a este filme, en la superficie, con un relato de aventuras. No es tampoco una de esas crónicas donde una pareja dispareja aprende a tolerarse o a aceptar al otro. En realidad hay mucho de trágico en este filme en el que una mujer se rinde ante la evidencia de que no tiene a quién amar y de repente ve todos los caminos cerrados. Mary Bee vivió en un tiempo donde su género estaba subyugado, debía obediencia a Dios y a su esposo sin poder exigir mutuo respeto o la atención a sus necesidades. Enfrentada a algo contra lo que no puede luchar, ella sencillamente se rinde. Ya las tres mujeres cuya razón se quebró habían capitulado. Ahora fue su turno.

La película es absolutamente respetuosa frente a sus motivos. Se contagia de su angustia y de su desazón frente a lo que debe vivir. Nos acongojamos ante su sed de amor y compañía y nos solidarizamos frente a su arrojo ante las propuestas que ella se atreve a lanzar. Son como un grito de auxilio que allá en la planicie nadie quiso escuchar.