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Kinetoscopio Edición 110 / Reseñas


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Mad Max: furia en el camino, de George Miller

 

Por Rafael París Restrepo

Medellín, Colombia.

 

Desde los años sesenta, se han desarrollado dos líneas de producción de películas de acción. Una línea la conforman las películas de acción de franquicia, comenzando por la serie de James Bond; la otra, las películas de acción de autor, cuyos principales referentes serían Yojimbo (1961) de Akira Kurosawa y la trilogía de los dólares de Sergio Leone. Mad Max: furia en el camino (Max: Fury Road, 2015) de George Miller podría ser la primera, o una de las primeras películas en subvertir el orden de las categorías, perteneciendo de igual manera a una línea que a la otra, pues continúa con los elementos reconocibles de una franquicia, pero añadiendo la forma del cine de autor.

En consecuencia, Mad Max: furia en el camino es el retorno de George Miller al icónico personaje Max Rockatansky, guerrero sobreviviente a la guerra nuclear y quien se convirtiera en estereotipo de determinación en un género que podríamos llamar punk western. Aquí la historia es simple. Max se ve forzado a unirse a un grupo de mujeres que huyen en un camión de guerra por el desierto, y esto es todo lo que necesitamos saber. Tom Hardy es ahora el encargado de interpretarlo, y su visión es bastante distinta a la del actor original, Mel Gibson; pues, mientras Gibson proyectaba un carisma malicioso, Hardy ha optado por mostrar un loco Max, realmente loco, atormentado y perseguido por los fantasmas de aquellos a quienes no pudo proteger. Su contraparte es Furiosa, interpretada por Charlize Theron, la comandante de los ejércitos de Inmortan Joe, que cansada de una condición de esclavitud, decide huir con las esposas del caudillo, en su camión, y salir en busca del sitio donde vivió su niñez. Miller se aproxima a ambos guerreros, confiriéndoles un estatus equivalente, haciendo a los dos protagonistas complementarios, como lo fueron Clint Eastwood y Lee Van Cleef en Por unos dólares más (Per qualche dollaro in più, 1965). Esto crea una dinámica interesante, ya que Furiosa simboliza una fuerza femenina, heroica y sensible, mientras Max es el renuente, solitario y desesperanzado que al final logra su catarsis con ayuda de Furiosa y las cinco esposas fugitivas.

También vuelven, con un tizne de belleza poética, las persecuciones en el desierto con los alucinantes automóviles híbridos que caracterizan a la serie, propiciando instantes delirantes como cuando los conductores en plena persecución entran en una colorida tormenta de arena y radioactividad, o cuando el tanque del camión de Furiosa es atravesado por arpones y empieza a derramar leche materna sobre el camino, o como cuando el réquiem de Verdi es utilizado para subrayar la tensión de una cacería humana en medio de la ciénaga nocturna. Nunca antes el panorama apocalíptico se había visto cargado de tanto color y textura. Realmente este es un punk western de autor, con una fotografía en la que conviven lo sublime y lo grotesco, que añade a la fórmula preestablecida un mundo más amplio, con detalles en los que se vislumbra la meticulosa construcción de unos poderes políticos, religiosos y económicos con ubicación histórica y geográfica.

Finalmente, solo resta agregar que esta no es una película de diálogos. Es una de miradas: lo significativo es expresado a través de los ojos de los actores. Es además, adecuadamente, una invitación a cambiar varias miradas, desde la percepción de la equidad de género, hasta nuestra apreciación del cine de acción.