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Kinetoscopio Edición 111 / Festivales

 

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Entre el avance del cine latinoamericano y las Perlas

El Festival de Cine de San Sebastián 2015

 

Por Orlando Mora

Medellín, Colombia

 

Finalizó el pasado 26 de septiembre la edición 63ª del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Si bien el certamen pertenece al grupo de los cuatro grandes de Europa junto a Berlín, Cannes y Venecia, en los últimos años su sección competitiva ha venido padeciendo un evidente estrangulamiento por cuenta de su cercanía en el tiempo con dos festivales de gran tamaño como Venecia y Toronto, que le quitan el material de calidad más vistoso y obliga a sus programadores a buscar en los últimos confines del cine de calidad.

Si se exceptúa lo nuevo del cine español –que siempre tendrá en San Sebastián su ventana más visible–, el resto de las películas en lucha por la Concha de Oro suelen ser filmes pequeños, en ocasiones auténticos hallazgos pero con frecuencia títulos que no desbordan el límite de lo correcto y que en esa medida pueden verse o no verse sin que se comprometa la experiencia del espectador en cuanto al necesario conocimiento del cine actual.

Partiendo con plena consciencia de la constatación de que no se hacen tantos filmes de calidad en el mundo, el director del festival José Luis Rebordinos y su eficiente equipo de programación luchan por equilibrar las cargas, otorgando a otras secciones del festival la responsabilidad de mantener e incrementar la importancia y el interés del evento. Nos referimos en primer lugar al apartado “Perlas”, que reúne una cuidada selección de las mejores películas del año; y luego, muy especialmente, a “Horizontes latinos”, una muestra con alcance de gran antología acerca de los caminos y triunfos del cine latinoamericano.

 

LA COMPETENCIA EN 2015

No creemos que la selección de este año vaya a pasar a la historia en cuanto a buen cine; la mayor parte de los dieciocho filmes en lucha por la Concha de Oro pudieron seguirse sin disgusto y con algún interés, pero pocos poseen títulos suficientes para reclamar un lugar en la memoria de los buenos espectadores.

El amplio margen de subjetividad en la apreciación y valoración del cine impide los juicios absolutos y cada quién confeccionará su propia lista de lo mejor de San Sebastián 2015. La única oficial y definitiva es la del jurado, que decidió entregar la recompensa mayor a Sparrows, una película islandesa de corto aliento, poco novedosa pero cuya elección no molesta. Frágiles lucen, por su parte, el Premio Especial del Jurado a Lucile Hadžihalilovi? por Evolution y el de Mejor Dirección a Joachim Lafosse por Les Chavaliers blancs; sí muy justos, en cambio, los de actuación (la presidente del jurado era la actriz danesa Paprika Steen) a la cubana Yordanka Airosa por El rey de la Habana y ex aequo a los actores Ricardo Darín y Javier Cámara por Truman.

En lo personal, otros títulos nos interesaron e impresionaron; dos, en especial: El primero es El apóstata, una obra extraña y personal firmada por el uruguayo Federico Veiroj, que supone una continuación en la búsqueda de mundos y personajes extraños que interesan al director y que ya aparecían en sus dos primeras películas, Acné y La vida útil. Si bien el jurado oficial le otorgó apenas una mención especial, el premio de la Crítica Especializada Fipresci le fue otorgado con todo merecimiento.

El segundo es Sunset Song, de Terence Davis, una película que giraba en otra órbita desde el punto de vista del nivel de la dirección y cuyo desconocimiento en el palmarés es el mayor desacierto del jurado, por lo menos en nuestra opinión. Si bien no se trata de una obra redonda –algunas falencias tiene en su parte final–, se trata de un cuadro de gran fuerza sobre la Escocia de principios del siglo XX y la lucha de una mujer por crecer y sobrevivir por sus propios medios, a la par de una intensa historia de amor truncada por la aparición de la primera guerra mundial.

 

HORIZONTES LATINOS

Difícilmente el cine latinoamericano volverá a vivir un año como 2015. Nunca en el pasado se habían recogido en pocos meses tantos premios y reconocimientos en los grandes festivales del mundo. Vivimos una especie de soñada primavera, con películas de países con tradición como México o Argentina y de otros sin ella como Venezuela y Colombia, con galardones normalmente reservados a las cinematografías internacionales mayores.

Los catorce títulos incluidos este año en Horizontes Latinos dieron cuenta justa de lo acontecido, con una selección de filmes que ya venían con nombre y prestigio al momento de su selección, pero también con otros seleccionados por los programadores antes de que obtuvieran algún premio especial, tal como aconteció con Desde allá, el filme venezolano de Lorenzo Vigas, incluido antes de que obtuviera el León de Oro en Venecia como mejor película y convertido, gracias a ese hecho sobreviniente, en la mayor novedad del apartado.

En Horizontes Latinos estaban las colombianas La tierra y la sombra y El abrazo de la serpiente –la primera, Cámara de Oro como mejor ópera prima en Cannes y la segunda premio de Art Cinema en la Quincena de los realizadores–; El club, del chileno Pablo Larraín –Gran Premio del Jurado en el festival de Berlín–; 600 millas del mexicano Gabriel Ripstein, premio Primera Película en la sección Panorama del mismo festival; la argentina Paulina de Santiago Mitre, premio a mejor película en la Semana de la Crítica –y a la postre ganadora acá de Horizontes Latinos–; Ixcanul, de Jayro Bustamente de Guatemala, premio Alfred Bauer en Berlín; y otros títulos memorables, como el hipnótico documental Botón de nácar del chileno Patricio Guzmán y Magallanes, la reveladora ópera prima del actor y ahora director peruano Salvador del Solar. En fin, un listado notable de títulos que convirtieron al cine latinoamericano en el verdadero protagonista de este San Sebastián 2015.