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Kinetoscopio Edición 111 / Reseñas

 

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Un cambio de enfoque

La sal de la tierra, de Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

 

Liliana Zapata B.

Medellín, Colombia

 

 

Un fotógrafo es alguien que dibuja con la luz, alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras.

–Win Wenders

 

El ser humano encierra un sinnúmero de complejidades, matices y contradicciones. Está dotado de grandes habilidades e inteligencia y debería distinguirse de las demás especies por el buen uso de estas. Sin embargo, encarna en su naturaleza tantas ambivalencias que en ocasiones podría ser perfectamente asemejado con un animal tan básico como aquellos a los que debería dominar. El brasileño Sebastião Salgado, uno de los fotógrafos sociales más célebres de la historia contemporánea, se dedicó a documentar con su cámara durante años a este ser humano en sus múltiples expresiones: como trabajador, como víctima y como el más mortífero de los depredadores que habitan el planeta, hasta alcanzar casi el umbral del hastío por la raza humana.

Es escaso hallar a alguien que prefiera captar la realidad social, la miseria, el desplazamiento forzado, los horrores y los vestigios de la guerra, en lugar de los logros, la fortuna y la belleza humanas, y fue precisamente esto lo que llamó la atención del reconocido director alemán Win Wenders, quien –casi por casualidad– se encontró ante el retrato de una mujer Tuareg ciega que lo impactó por lo realista de su expresión, y al indagar más sobre el autor de la fotografía, sintió curiosidad por conocer lo que habitaba en la mente de alguien que podía retratar tan vívidamente las emociones de los seres humanos, lo que lo llevó a embarcarse en el proyecto de hacer un documental sobre la vida de aquel que presenció esas historias y las contó gráficamente de una manera tan única y original.

La ardua empresa que emprendió Wenders consistía en permitir al espectador irse aproximando lenta pero certeramente hacia el interior de un hombre a través de su vasta producción fotográfica, pues si esta puede plasmar la forma como su autor ve el mundo, es posible llegar a conocer al hombre detrás de la cámara en su más profunda sensibilidad.

La sal de la tierra (The Salt of the Earth, 2014), codirigida por el hijo mayor de Sebastião, Juliano Ribeiro Salgado, y ganadora del Premio Especial de la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2014, es la materialización de este proyecto, en el que las imágenes de las fotografías se van alternando con la historia de su perpetrador y los pensamientos que lo rodeaban al momento de la composición de las imágenes, las razones de su motivación por lugares o culturas específicas y el inquebrantable rol de Lélia, su esposa, en su trabajo y en su vida. El documental, más que un homenaje a su prolífica obra, es un tributo al ser humano detrás de ella. A aquel que por su simple capacidad de reinvención constante es un gran ejemplo para aquellas generaciones que nos mofamos de nuestra profunda adaptabilidad al cambio.

Hallar tanta belleza en el alma de un hombre que no es detenido en la calle para la firma de autógrafos, ni es reconocido por su fama y fortuna, sino por su legado –como fuera también el caso de Sixto Rodríguez, protagonista del documental Searching for Sugar Man (2012)–, reaviva la confianza en la especie humana, esa que a pesar de lo errática y equivocada en sus métodos y en su proceder, guarda seres filántropos como Sebastião en sus entrañas. Salgado aviva la creencia de que los humanos más que medios para obtener un fin y más que esclavos de nuestra propia naturaleza, somos efectivamente ‘la sal de la tierra’ y sin nuestra presencia en el planeta este sería anodino y carente de sustancia, como él mismo lo dice: “Cada persona que muere es un pedazo del mundo que muere”. Es posible que esta sea solo una fantasía, pero no es de sorprender que esa idea, aunada a una mezcla de miedo, ímpetu, angustia y –por qué no– esperanza, sea lo que se dibuje en el rostro del espectador con las últimas imágenes de esta impecable producción.