Metegol, de Juan José Campanella

Kinetoscopio Edición 103 / Cine Latinoamericano

Metogol, de Juan José Campanella

Gol de Argentina

 

Por Valentina Vescovi

Buenos Aires, Argentina

A todos nos fascinan los personajes animados. Desde chicos, la pantalla grande nos invita a devorar amigos entrañables que se cuelan en nuestro imaginario. Pero, como sucede en muchos aspectos de nuestra cultura en esta parte del mundo, los latinoamericanos consumimos esas fantasías animadas con el sello foráneo de una realidad ajena. Sin cuestionamientos jugamos a los castillos y a las princesas rosas, o transitamos aventuras que transcurren en vecindarios inmaculados de casas con aros de basketball en el patio. A menudo son relatos hablados en un castellano neutro que no suena para nada a nuestro idioma de la calle, a nuestro lunfardo argentino. Sin embargo, un nuevo largometraje que narra una historia de pasión futbolera llegó para proponer cambiar las cosas. En un esfuerzo de producción sin precedentes en la región, el cineasta argentino Juan José Campanella se arriesgó a moverse del cómodo éxito en el que lo había instalado El secreto de sus ojos, el largometraje de suspenso dramático que ganó un Oscar en 2010, y se animó a volver a foja cero para sumergirse en aguas desconocidas: la animación 3D. La intrépida película le costó 20 millones de dólares y 5 años de trabajo, y se titula Metegol (2013).

Inspirada en un cuento del genial Roberto Fontanarrosa, “Memorias de un wing derecho”, la película cuenta la historia de Amadeo, un niño de mirada y sensibilidad profundas que vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, ama secretamente a su amiga Laura y juega al fútbol de mesa como nadie. Pero su sencilla rutina se desmorona cuando el joven más engreído del pueblo –a quien Amadeo derrotó en una partida de metegol siendo pequeños– regresa convertido en el mejor futbolista del mundo, dispuesto a arrasar con todo para vengarse de esa única derrota que empaña su intachable carrera. En la aventura de enfrentarlo, Amadeo contará con unos mágicos compañeros: los jugadores del metegol, que cobran vida y salen por primera vez de la mesa de futbolito para enfrentar un mundo desconocido.

La trama de la película bien podría funcionar como metáfora de la animación en Latinoamérica: una industria de espíritu joven que busca competir con gigantes usando como herramientas el amor y el talento, convirtiendo rivales en compañeros. “En Argentina viene repitiéndose un espiral negativo y decadente: las películas locales se hacen con recursos limitados para un público también limitado en términos de tamaño, pero el precio de la entrada es igual al de una película hecha con un presupuesto cincuenta veces mayor” –dice Gastón Gorali, productor, coguionista del film y responsable de la idea–. “Si no podés permitirte experimentar armando un laboratorio de artistas de ilustración y guionistas, terminás haciendo un producto de inferior calidad. Y si no podés hacer frente a las exigencias técnicas de un público que paga lo mismo por ver una megaproducción de Hollywood que por ver tu película, quedás en un lugar que le hace mucho daño a la industria. Como el cine es democrático en ese sentido, la única manera que tenemos de competir es entrando en su terreno (el de los gigantes como Hollywood), y eso implica hacer una producción a gran escala”. Para afrontar semejante desafío, Gorali contó con una interesante ventaja: su tríada en el frente de batalla fue más que poderosa, conformada por Campanella –uno de los más grandes directores locales de cine–, Eduardo Sacheri, escritor responsable de la novela que dio vida a El secreto de sus ojos y otro gran referente cultural argentino, y, por supuesto, el legendario Fontanarrosa.

Metegol fue concebida como una película para toda la familia, con un guion plagado de guiños al público adulto. Se trata de una coproducción argentino-española cuya animación fue supervisada por Sergio Pablos, el mismo de Mi villano favorito (Despicable Me, 2010) y Río (2011). Otros interesantes condimentos locales fueron la participación del crítico de cine Axel Kuschevatzky como coguionista junto a Sacheri y Gorali, y el aporte actoral de Pablo Rago, Miguel Ángel Rodríguez, Horacio Fontova, Diego Ramos y Fabián Gianola, en las voces de algunos de los personajes principales, Capi, Liso, el Loco, Grosso y el Beto, cuya melena de rulos recuerda a la del pibe Valderrama.

Estrenada en Argentina el 18 de julio de este año, Metegol logró el éxito de taquilla que no tuvieron otras películas animadas argentinas en la década del noventa y los 2000, incluyendo a Los Pintin (2000), Dibu: la película (1997) o Condor Cruz (2000), de Patagonik, y a Boogie, el aceitoso (2009), producida por Illusion Studios en base a otra genial creación de Fontanarrosa. En apenas un mes, se posicionó dentro de las cinco películas más vistas de la historia del cine argentino, junto a otros dos largometrajes dirigidos por Campanella, El secreto de sus ojos y El hijo de la novia.

Al igual que los argentinos, el público colombiano seguramente se identificará con esta historia de amor y de fútbol, aunque sus creadores insistan en que el metegol es totalmente anecdótico en el film. “La gracia de la película es que los jugadores están fuera de la mesa de metegol en la película” –dice Gorali–, “están en un mundo que no conocen. Eso fue lo que más me interesó del cuento de Fontanarrosa cuando se lo llevé a Campanella, hace ya siete años, para proponerle hacer esta película. Esos personajes que abandonaron un terreno en el cual estuvieron treinta años enfrentando al mismo rival son tipos que saben todo de su mundo pero que, de pronto, se ven inmersos en uno nuevo. ¿Cómo reaccionarían?, pensé. ¿Cómo hacer cuando a tu enemigo, al que odiaste toda tu vida, de pronto lo necesitás para sobrevivir?”.

Se ha dicho que esta película es el puntapié inicial para instalar a la Argentina como industria de animación en el mundo. ¿Cuánto hay de cierto?

Gastón Gorali: Mucho. Para nosotros, Campanella puede llegar a ser lo que Peter Jackson –el creador de El señor de los anillos– fue para Nueva Zelanda: el tipo que inició un mundo nuevo y dejó funcionando una industria de millones de dólares. Antes que él, Nueva Zelanda era sinónimo de kiwis, All Blacks y turismo. Hoy tiene una de las industrias de animación, efectos visuales y cine más fuertes del planeta. Spielberg filma allá. Después de Metegol, tenemos un camino recorrido que nos aventaja cinco años respecto al resto de la región. No porque seamos unos genios, sino porque cruzamos un desierto que nadie quiso cruzar antes por tres razones muy valederas: es muy difícil; el resultado, incierto; y el riesgo, muy alto. Si uno analiza esta producción con los parámetros de un negocio, la respuesta hubiera sido ¡no, ni loco! Hay muchos negocios más rentables y menos riesgosos que éste. Por eso es vital contar con visionarios que te ayuden a romper un paradigma y a empezar con otro. Creo que Campanella, sin proponérselo y buscando su propio camino, está rompiendo un paradigma. Y también quienes lo apoyan, como Jorge Estrada Mora, productor histórico y hombre de negocios muy visionario, o el Grupo Prisa y Antena 3, que también apostaron por esta película. Queremos que Argentina sea asociada a animadores de calidad, como sucede con los futbolistas o los polistas. En esto, no sólo es importantísima la capacitación y un ejercicio constante, sino que además hay que generar proyectos que sean lo suficientemente potentes para que el talento local y aquél que está esparcido por el mundo quiera volver a trabajar acá.

La película ya es récord de taquilla en Argentina y se proyectará en más de 70 países. ¿Cómo logran semejante difusión con una historia tan local?

La gran ventaja del cine animado es que, gracias al doblaje, cualquier historia puede convertirse en local y conquistar nuevos mercados de manera rápida. Una vez que lograste cruzar ese desierto que significa hacer una película de calidad en condiciones no ideales, tenés un mundo entero para ofrecerla. Y ese mundo necesita historias que no provengan del mismo lugar. Entonces, aprovechemos y contemos las historias que los americanos no cuentan o no se animan a contar. Las películas de Hollywood pueden estar hechas con una precisión milimétrica, pero carecen de frescura en muchos casos, carecen del atrevimiento.

En su cuenta de Twitter, Campanella contó que Disney Channel se negó a promocionar Metegol en su tanda publicitaria. ¿Cómo tomaron esa reacción del gigante de la fantasía animada?

Hay que tener en cuenta que el estreno de Metegol en Argentina se solapó con el de la superproducción de Disney/Pixar Monsters University 3D. Entonces, lejos de enojarnos con su negativa, la tomamos como algo bueno. Si alguien te elige como enemigo, es porque tenés algo que lo lleva a desafiarte. En cierto punto, esa reacción de Disney me llenó de orgullo. Sentí que nos trataban como a alguien de peso. Pero el tema no es con Disney ni con nadie en particular. Queremos ofrecerle al público una película, un discurso que podemos producir, no digo ‘nosotros’ como Argentina, sino ‘nosotros’ como alguien que no deglute constantemente ideas ajenas. El mayor premio será que el público responda para poder hacer otra película en el futuro.