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Talentos ocultos, de Theodore Melfi

Especial Oscars 2017: Talentos ocultos, de Theodore Melfi

No siempre aflora el talento

 

Liliana Zapata B.
Medellín, Colombia

Las nominaciones al Óscar siempre tienen sorpresas, pero nunca lo serán las películas que apelan al sentido patriótico estadounidense que exalta su espíritu colectivo, de dedicación y de superioridad. Algunas de ellas se ganan un lugar cuando la historia que cuentan goza por lo menos de cierta originalidad. Es el caso de Talentos Ocultos (2016), cuyo título original Hidden Figures, traducido literalmente le da mucho más sentido, pues lo oculto no era el talento de las tres mujeres protagonistas de este film, si no ellas mismas, pues la película transcurre en una época de racismo a flor de piel, donde los afroamericanos son segregados sin pudor alguno y los avisos que anuncian los lugares en los que pueden o no ingresar son contundentes y no dejan lugar a dudas. En este contexto histórico está ambientado el tercer largometraje del director norteamericano Theodore Melfi, quien con St. Vincent (2014), nos había mostrado que era capaz de impregnar hábilmente de humor las situaciones más hostiles y hasta sórdidas.

Transcurren los años 60 y la carrera espacial entre Estados Unidos y Rusia está en su momento más candente, pues los rusos acaban de hacer historia poniendo en órbita a Yuri Gagarin como el primer hombre en salir al espacio y la NASA busca desesperadamente como hacerle frente a tal humillación, pues quedarse atrás nunca ha sido ni será una opción. Mientras eso sucede, tres mujeres afroamericanas con suma capacidad e inteligencia, trabajan allí en el sector destinado para las personas de su color, el mismo que les impone barreras difíciles de flanquear. Por un lado está Katherine (Taraji P. Henson), la protagonista de la historia, una joven matemática de superior intelecto a quien asignan un trabajo temporal para el Director de Trabajos Espaciales de la NASA, Al Harrison (Kevin Costner), y quien tendrá un rol definitivo en los cálculos finales que pusieron en órbita al primer norteamericano; por otra, la siempre brillante Olivia Spencer (acertadamente nominada al Óscar como mejor actriz de reparto por esta caracterización), con grandes habilidades informáticas y quien lidera el grupo de “computadoras” negras, como se les llama a quienes hacen los cálculos matemáticos complejos. Y finalmente está Mary (Janelle Monáe), una joven madre que sueña con ser ingeniera en un momento donde los establecimientos educativos para ingenieros no permitían la presencia de afroamericanos, y quien debe luchar no solo contra los prejuicios en su trabajo si no contra los de su marido, adicionándole complejidad a su ya de por sí difícil realidad.

En los momentos de coyuntura actual donde afloran los sentimientos norteamericanos más nacionalistas, la película busca generar un contexto positivo de inclusión y de diversidad, sin mucho éxito, pues si bien deja clara la lucha que estas tres mujeres debieron dar contra los miles de estereotipos que les impuso la sociedad, triunfando finalmente el arrojo, el conocimiento y la fuerza del espíritu sobre la segregación; la abrumadora simpleza del tratamiento de los personajes y de las situaciones, tira por la borda tal pretensión. Aunque no todo está perdido, podría extraerse una que otra enseñanza básica de tolerancia, pues cada uno desde su diferencia tendrá sin lugar a dudas algo que aportarle a este pequeño mundo que gústenos o no, necesitaremos y tendremos que seguir compartiendo. Melfi buscar lograr con su historia y con sus tres mujeres protagonistas, hacernos experimentar sus dramas y su realidad, pero termina parándose peligrosamente cerca del cliché norteamericano del héroe patriótico y de la reivindicación de la raza negra como una realidad que todos vemos peligrar hoy más que nunca. Además, presenta una película predecible en su relato y tímida en el abordaje de la dificultad racial que se había exacerbado en los 60 (y que aún persiste).

Con un material que daba para mucho más, Melfi logra mucho menos buscando distraer al espectador con las pequeñas glorias de las protagonistas, que se antojan condescendientes para unas mujeres que seguramente debieron resistir mucho más que las situaciones casi cómicas que se exponen en el film. Un homenaje a tres brillantes mujeres pudo ser mucho más certero en su exploración e incluso más valiente, que terminar convirtiendo una vida cargada de enigmas y complejidades en una simple fábula con moraleja y final feliz incluidos.


Liliana Zapata
Ingeniera Administradora. Cinéfila y apasionada entre otros, por el cine francés, argentino y español.  Vinculada desde el año 2013 a la Revista Kinetoscopio.