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Fences, de Denzel Washinton

Especial Oscars 2017: Fences, de Denzel Washington

Denzel y Viola en tres actos

 

Por Diana María Agudelo
Medellín, Colombia

En su obra teatral Fences (1983) el dramaturgo August Wilson llevó un pequeño pedazo del mundo a escena: el jardín trasero del hogar de Troy Maxson, un recolector de basura de Pittsburgh en la década del 50. En Broadway, la representación de un espacio pequeño es suficiente y en las manos de un naturalista como lo era Wilson, la historia se encargó de mostrar las repercusiones que las acciones del patriarca de una familia tienen sobre todos los que dice querer.

Pero esa misma obra, ganadora de un Premio Pulitzer, en manos de un director no muy avezado convierte ese escenario en eso simplemente. Así, Denzel Washington director del filme del mismo nombre, que este año está nominado a varios premios Oscar, toma esta reverenciada obra de teatro norteamericana y la lleva a cine, con mucho menos éxito ya que el filme queda estancado en un lugar desafortunado: no es lo suficientemente cinematográfico para hacer olvidar a los espectadores que es una pieza ideada para un medio con muchas más constricciones físicas y al mismo tiempo, se vale de varios recursos que a veces roban la concentración y la intensidad necesaria que la convierten en un evento teatral inolvidable.

Los espectadores que vamos a cine para disfrutar de todo su esplendor entendemos al ver a Fences, que estamos asistiendo a una obra de teatro de excepción, con actores excepcionales en los mismos papeles que ya realizaron en Broadway. Así vemos Fences: la palabra y la historia se refieren literalmente a las cercas o fronteras, que establecemos para entender y delimitar nuestras vidas.

Hay una cerca en construcción en el jardín de un hogar como excusa para dar comienzo a la narrativa. Troy, un beisbolista superdotado pasó su juventud queriendo jugar en las ligas mayores, pero no fue aceptado primero por su raza, y segundo porque al pasar un largo periplo en la cárcel, se volvió demasiado viejo para poder cumplir su sueño. Ahora y debido a ello, ve cercas que encierran sus sueños en todas partes, y la que está construyendo en particular señala la barrera erigida entre él mismo y sus hijos: uno por cada uno de sus matrimonios.

Wilson, el autor, reconoce la injusticia endémica perpetrada a las personas negras por siglos, con reverberaciones que todavía continúan, y como dramaturgo su gran enseñanza fue concentrarse menos en esa victimización de la sociedad y más en la violencia que las víctimas perpetran unas contra otras.

Es allí, en el poder de sus palabras y por supuesto de sus protagonistas que Fences se convierte en una obra valiosa. Denzel es, por supuesto un actor dinámico, lleno de gravedad y seriedad y, sin embargo, Troy, a quien al principio comenzamos a amar y cuyo carácter va revelándose como impredecible y egoísta es interpretado siempre con un grado de intensidad que no ofrece descanso.

Pero no cabe duda que la pieza le pertenece a Viola Davis. Ella misma interpretó el papel en Broadway haciéndose por ello ganadora al premio Tony en 2010. Ya conocíamos de lo que es capaz esta intérprete quien ya ha sido nominada al Oscar anteriormente, pero seguramente el 2017 será el año que le entregará la estatuilla. Aunque es netamente un papel reactivo que se alimenta de las acciones de Denzel, es ella el corazón de la obra, encargada de transmitirnos la frustración que las acciones de Troy traen a toda la familia.

Otros filmes basados en obras de teatro como La gata sobre el tejado caliente (1958), Conduciendo a Miss Daisy (1989) o más recientemente La duda (1989), tienen esa misma cualidad de entregar en las palabras todo el peso del drama, pero expanden sus horizontes y se enriquecen del medio cinematográfico.

No es el caso de Fences, nosotros también estamos encerrados en la historia, en las palabras, en las interacciones de los actores, en lo que significa tener un filme dirigido y protagonizado por personas de raza negra en el momento político adverso que vive Estados Unidos. Allí radica su importancia. Estamos invitados pues a ver a actores sobresalientes, en un filme que tal vez les entregue estatuillas a los dos protagonistas principales. Y eso no es poca cosa.