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Berlinale 67: más que nostalgia, la realidad que nos dejó el pasado

Kinetoscopio Edición 117 / Festivales

La directora húngara Ildikó Enyedi, Oso de Oro por On Body and Soul


Berlinale 67: más que nostalgia, la realidad que nos dejó el pasado

Por: Juan Carlos Lemus P. 
Colombo, Sri Lanka

Para esta edición 67, Dieter Kosslick, el káiser de la Berlinale, prometía una visión panorámica de los asuntos políticos a los que nos enfrentamos hoy en día. En ese sentido, aunque sin muchas luminarias, cumplió. A este tenor, porque no decirlo, el festival fue a más cuando echó mano de documentales, biopics y dramas históricos para hablarnos del paso del tiempo, del peso de la historia, la que, lamentablemente, tendemos a repetir cuando la Derecha nos devuelve setenta, cien años atrás. Parafraseando a Maren Ade –la directora de Toni Erdmann (2016)- herr Kosslick encontró en el humor la mejor vía para tratar esas complejidades.

Empecemos por el lado serio. Incomible fue The Dinner de Oren Moverman donde ni la gran actuación de Steve Coogan nos ayuda a tragar ese “sancocho” familiar que nos sirvió. Insalvable igual el Oso de Plata Gran Premio del Jurado: Félicité, donde Alain Gomis relata el mal vivir dentro de una barriada paupérrima de Kinshasa en el rostro de una cantante tan magullada ella como potente es su voz. Más que por sus cualidades, este galardón se explica por el ánimo europeo de lavar su pasado colonial. Dentro de esos planteamientos históricos, la competencia oficial también incluyó Viceroy´s House, un melodrama bollywoodense donde la directora Gurinder Chadha borra de manera pasmosa y naíf las culpas del Imperio británico en el desastre indio y la secesión de Pakistán. Etienne Comar (productor de Timbuktu, 2014) presentó Django intentando mostrar -y la ausencia de foco hace que le extrañemos como productor- las dicotomías del gran guitarrista gitano de jazz Django Reinhardt cuando la fuerza de los acontecimientos no le deja salidas en la París ocupada. La misma falta tiró el esfuerzo del documental Beuys con el que Andres Veiel ha tratado de reivindicar a este gran artista alemán del movimiento FLUXUS. Mucho mejor organizado, y más diciente, el documental I’m Not Your Negro, del haitiano Raoul Peck presentada en la sección Panorama, en el cual nos quedan claros los pensamientos del escritor James Baldwin sobre la segregación racial en EUA.

Porque henos hoy acá repitiendo la historia, volviéndola comedia cuando ya no hay un héroe trágico, sino una comunidad a la que le queda aguantar. Sigamos con lo gracioso: la elevada clave de humor estuvo a cargo del finlandés, ganador del Oso de Plata al mejor director, Aki Kaurismäki con The Other Side of Hope (Toivon tuolla puolen), donde se burla de la escala de valores que denigra lo socialmente trascendente por darle más peso a los defectos de personalidad. Un poco por debajo, The Party, de Sally Potter, con su mirada sarcástica a la avejentada izquierda impotente y dominada por un discurso intelectualoide que ha olvidado lo más importante: su humanidad. El bar es la divertida película de Álex de la Iglesia con personajes caricaturescos matizados por una situación más que disparatada; nada nuevo en él, pero con el ingenio suficiente para sorprender. Como Mr. Long (Ryu San) de SABU que, aunque con cierta manipulación de sus seguidores, supo resolver con estilo y calidad su largometraje con aires a El perfecto asesino (Léon, 1994). Apenas divertidas para domingo por la tarde, o pilladas en algún servicio de “streaming”, Sage Femme, de Martin Provost, y Final Portrait, de Stanley Tucci; ambas usaron el espejo retrovisor por el cual cada quien trata algunas veces de deconstruir, de recontextualizar ese tiempo que se fue y no volverá.

Más lejos de llanas nostalgias, la Berlinale nos habló al oído para recordarnos que nos vamos haciendo viejos. Que somos perecederos. Así pues, Mark Renton ya no corre por su adicción a la heroína, y sí por su salud en T2 Trainspotting, en el fuerte chequeo de la realidad hecho por Danny Boyle. En Logan —la despedida de Hugh Jackman del universo Marvel—Wolverine usa gafas para leer y el director James Mangol plantea además que hay valores que nunca perderán fuerza. Volker Schlöndorff critica los intentos de enmendar la plana cuando revisamos el pasado en Return to Montauk y Sebastián Leilo le contesta con “nunca es tarde” en el poderoso filme chileno Una mujer fantástica, ganador del Oso de Plata a mejor guion y el Teddy Award entregado a los protagonizados LGBT. Igualmente, Romuald Karmakar rescata tanto la experiencia como el nuevo ánimo reposado que traen los años en su documental sobre la música electrónica If I Think of Germany at Night (Denke ich an Deutchland in der Nacht). No obstante, para Josef Hader hacernos viejos no significa madurar, y se burla de la crisis de la mediana edad al no quitarnos lo pusilánimes, ni lo pendejos, en Wilde Maus.

Con una hosquedad que lleva a la risa On Body and Soul (A Teströl és Lélekröl), de la directora húngara Ildikó Enyedi, se llevó merecidamente el Oso de Oro y el premio de la FIPRESCI. Dos seres humanos en extremo inteligentes y competentes en lo profesional, tanto como nulos en sus maneras con los demás, se empiezan a relacionar de la forma más inverosímil. Con diligencia y quehacer cinematográfico ella echa mano del montaje para mostrar dos mundos paralelos y dejar así claro que las necesidades impostergables del alma humana siempre encontrarán una vía de salida. También extraña es Colo, la narración de Teresa Villaverde donde es mejor reír que llorar al ver la alienación resultado de la crisis que priva poco a poco, con sus aciagas consecuencias, hasta de lo más básico a una familia. Aunque no siempre diferente es bueno, y el premio Alfred Bauer a la mejor película europea fue para Agnieszka Holland por Pokot que dejó desconcertado a más de uno.

Los colombianos Vladimir Durán, con Adiós entusiasmo en la sección Forum, y Juanita Onzaga, con The Jungle Knows you Better Than you Do, Premio Especial al mejor corto en la sección Generation 14plus; fueron nuestros embajadores en esta Berlinale que sin mucho aspaviento fue colmando las expectativas de público y crítica en un festival que sin muchas estrellas, y apostando por la clase media -en el cine también la hay- fue mucho más cercano y menos acartonado que en ocasiones pasadas.


Juan Carlos Lemus.
Afortunadas contingencias de la vida hicieron que este ingeniero electrónico opita con Máster en administración dejara su país para moverse por el mundo. Esa especial condición le dio el tiempo y la oportunidad de dedicarse a escribir desde hace algunos años sobre sus pasiones: el cine y la música. Hoy vive en Sri Lanka y con el ánimo de profesionalizar sus escritos está terminando un máster en Filosofía  práctica.