Escuela de crítica

Los detalles alegóricos Los detalles alegóricos   Nuestra hermana pequeñ...
Una caída ejemplar Una caída ejemplar   El ciudadano ilustre, ...
Hacer el viaje Hacer el viaje   Solo el fin del mundo,...
Refugio en tierra Refugio en tierra   Fuego en el mar, de Gi...

Los detalles alegóricos

 

Nuestra hermana pequeña, de Hirokazu Koreeda

 

Los detalles alegóricos


hermana-pequena

 

Por L.M. Cárdenas

 

Al principio, Nuestra Hermana pequeña (2015) peca de melosa y, tal vez, se puede tornar adormecedora. Exige al espectador paciencia y comprensión con su forma, porque el contenido que hay detrás de los detalles flojos amerita adoptar esa postura paciente para verla. También (para quienes no la han visto es una sugerencia) exige llegar a la sala de cine con el estómago lleno, porque las hermanas están comiendo constantemente, incluso de una manera injustificada dentro del desarrollo de la historia, aunque tal vez en el universo y la cotidianidad de la misma sí tenga cabida.

Durante toda la película aparecen constantes falsos finales, fundidos a negro y momentos que se podrían considerar suficientes, pero no, la película es irreverente en su tranquilidad y continúa hasta encontrar su propio final. Es posible, con ello, cuestionarse si realmente era necesario alargar la película hasta el punto en que llega. Mas luego de superar su carácter melindroso (y obviando la ansiedad por su final para salir a comer), la película se torna acogedora e interesante cuando interrelaciona los sucesos de la historia familiar con los conflictos del presente de los personajes principales. Nuestra hermana pequeña puede parecer insulsa, pero es todo lo contrario, está nutrida de reflexiones y temas que giran en torno al tema principal y más evidente, las relaciones familiares.

Con ciertos detalles se reafirma algún pensamiento o alguna reflexión sobre la vida de estas cuatro hermanas en particular. La casa se convierte en ese lugar que reafirma los lazos, aquellos que son perdurables, que se establecen y crecen arraigados a un terreno, los que se cuidan y se forjan con los días, con el riego constante y la poda de malas hierbas, por eso las hermanas permanecen allí y lo han hecho durante toda su vida. Aunque se augure la partida de ellas en algún momento de sus vidas, la casa conserva y sostiene los fuertes lazos en las relaciones y lo seguirá haciendo, las familiares en este caso.

Ahora, el proceso común de un fruto es llegar a su maduración, es un acto de la naturaleza, inherente. Las ciruelas representan eso en las hermanas. Ellas, aunque hacia el final de la historia pareciera que no han cambiado, lo hacen de una manera sutil, como las ciruelas y los frutos en general. No se percibe el proceso de maduración en cada instante que pasa, pero sí cuando el fruto ya está maduro. Entre esos subtemas que enriquecen la película, se hace notar la madurez o inmadurez con las cuales ellas afrontan los sucesos. El momento de la historia en que llega la cosecha de ciruelas sugiere que las hermanas están pasando por ese proceso de crecimiento.

Algunas veces las personas se ven obligadas a acelerar este proceso interno debido a las circunstancias de su propia vida. Suzu, la hermana pequeña, “es muy madura para su edad”, debido a todo lo que ha afrontado. Igualmente, Sachi, la hermana mayor que se hace ver como madre, porque en su vida “le quitaron la infancia” y debió asumir el rol de mujer madura. Pero la película misma invita a no olvidar la infancia, precisamente con estos dos personajes.

La historia inicia con el desarrollo de un funeral y termina con otro. Es cíclica, pero en el último funeral se percibe sutilmente la transformación y el paso del periodo de tiempo que llevan viviendo juntas las hermanas. Una vuelta más en la espiral de sus vidas, entendiendo esta figura como representación de lo cíclico que conlleva una transformación. Lo cíclico que no regresa nunca al mismo punto, sino que avanza y en el siguiente punto ya vives con tu hermana pequeña y personas cercanas a ti han muerto… en el siguiente punto los cerezos han florecido pero a su alrededor el aire se respira distinto, se respira con tranquilidad.

Esa transformación se evidencia en los personajes, y en la narrativa igualmente. Hacia el final de la película, la cámara se va acercando más a las hermanas, denotando en esa cercanía el tenue cambio de cada una, especialmente en Suzu, Sachi y Yoshino. Entonces se comprende la razón de ser de su final y el cuestionamiento sobre ello adquiere una respuesta y, por tanto, un entendimiento sobre la película.

Nuestra hermana pequeña es sobre las relaciones familiares y más que eso, es sobre la pérdida (de la infancia, de personas, de ideas, de arraigos), es sobre la transformación que es poco evidente de las personas, la que se presenta como el florecimiento de los cerezos o la maduración de las ciruelas. Es sobre sobre la temprana adultez, aquella donde se deben asumir responsabilidades con los deberes, con la propia vida, las propias decisiones, las emociones y las formas de ver el mundo y afrontar las cosas.