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Una caída ejemplar

 

El ciudadano ilustre, de Mariano Cohn y Gastón Duprat

 

Una caída ejemplar


hermana-pequena

 

Por Joan Suárez


El esnobismo y la ansiedad por el estatus.

Esta comedia dramática está compuesta por cinco actos y alude al oficio de las letras. Como si de un libro se tratará, el personaje principal, un escritor que acaba de ganar el Premio Nobel de literatura, se enfrenta al contexto que lo vio nacer, un humilde pueblo inspirador de sus libros. Lo destacable de este relato es su sarcasmo y sátira, al mejor estilo del humor negro, sobre la banalidad de los escritores, su estatus social e intelectual y su reputación.

Sus inteligentes y creativos diálogos, además de la destacada actuación de Óscar Martínez (Relatos salvajes, 2014) y casi que su elenco completo, hacen una exquisita y certera película con un inquietante e hilarante final, que deja abierto una caída ejemplar del protagonista y ese ruido moderno de la ansiedad por el estatus que se cuestiona desde el universo del relato. Por algo ganó el Premio Coral a mejor guion en la edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano - La Habana, 2016.

Los artífices de esta obra cinematográfica, El ciudadano ilustre (2016), son la dupla de argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat, directores y productores de cine y televisión. Además de ser propietarios de la productora Televisión Abierta. Desde sus comienzos iniciaron la exploración con el video arte y el cine experimental. También han fundado y dirigidos canales públicos en la provincia de Buenos Aires.

Y se suman varios largometrajes con su característico estilo casi artesanal, El Artista (2006), un relato despiadado y divertido contra la banalidad de la escena artística de curadores y galeristas y las contradicciones de lo contemporáneo. Y El hombre de al lado (2008), con la barrera simbólica de un diseño más que arquitectónico y la pelea comunitaria entre la diversidad de dos habitantes en medio de una simple pared.

De nuevo regresan con la estructura distintiva de sus guiones, casi todos elaborados por el hermano de Gastón, Andrés Duprat; esas imposturas intelectuales y de plataformas sociales privilegiadas que aglomeran copas de vino, petulancia, exclusión, envidia e ignorancia, soberbia y el olor a naftalina que ha permeado a la élite y sus círculos viciados de colegas y elogios mutuos. Distinciones, invitaciones, ceremonias y premios honoríficos so pena del bloqueo literario que sufre el artista para destilar orgullo y resentimiento.

Quizá la carencia de esta historia sea el tratamiento elocuente con algunas imágenes, a excepción de las retóricas y ácidas palabras en Estocolmo y el ralentí que detona el declive del escritor Daniel Mantovani mientras se le esfuma la fuerza, la intensidad y la importancia en su natal Salas y el estereotipo de pueblo tranquilo y lejano, esa provincia escondida del que sus viejos y amigos no pudieron salir, y al que él renunció en volver, pero sí en utilizarlo en el ingrediente de su obra.

Aunque se nota el manejo de la cámara en mano con un poco de movimiento y el uso de planos extensos. Y cabe resaltar los sonidos suaves y fuertes que acompañan algunas escenas y que conducen el clímax vigoroso y apasionado de este relato.

Ese es el estilo de este triángulo de creadores y hacedores. El acierto en sus historias de ficción incómoda y entretiene. De pronto hasta ellos mismos se ven en pantalla como un álter ego de inteligencia, osadía y vanguardia. Son y somos humanos.

Tras la ceremonia de los Premios Goya donde recibieron el galardón, Mejor película iberoamericana, anunciaron sus próximas dos películas, un thriller llamado 4*4, y una comedia de familia más ligera que las primeras, titulada Manual de supervivencia. Así ratifican el deseo de seguir apoyándose y sembrando ingenio, para refrescar un poco el tedio de la cartelera.