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La vida es una ilusión, de Ricardo Trogi

Revista Kinetoscopio / Edición 118

 

 

El estado de bienestar

 

Por: Diana María Agudelo
Medellín, Colombia

 

Tal vez podríamos decir que Patrick, el protagonista de La vida es una ilusión (Le mirage, 2015), comedia dramática quebequense, es un hombre infeliz, pero sería más exacto si afirmamos que francamente es un hombre miserable. Hay mucho que decir de la vida de este hombre de cuarenta y tantos. Está sumido en un matrimonio infeliz en el que todo se trata de perseguir a los niños, y comprar lo último para la casa para tratar desesperadamente de ahuyentar la tristeza de la llamada crisis de los cuaenta.

Patrick (Louis Morissette) se siente frustrado, su esposa Isabelle (Julie Perreault) está deprimida y cansada. ¿Sexo? Bueno, hay una gran cantidad de bostezos y de acabar rápido para seguir con otras tareas. Las cosas no están mejor en el trabajo. Patrick es gerente de una franquicia de almacenes de artículos deportivos que actualmente sufre por deudas a sus proveedores.

El director Ricardo Trogi muestra varias veces a Patrick corriendo en la caminadora y la metáfora no podría ser más evidente. Está literalmente atrapado en la banda y está claro que quiere salirse de ella. Cuando huye al garaje una noche y empieza a destrozar todo, sabemos que es el momento; su punto de quiebre.

Para entender este pequeño filme que llega a las pantallas, hay que conocer a Trogi, reconocido en Canadá por dos filmes emparentados a este: Québec-Montréal (2002) y Horloge biologique (2005). El vínculo es obvio entre las tres historias. Los treintañeros han olvidado su viaje de los veinte, sus temores acerca de la vida conyugal se han desvanecido y la vida se ha asentado.

Ahora a los cuarenta muestra cómo se mide la vida perfecta en la que el éxito social está dado por el hogar suburbano de lujo y, la satisfacción sexual por la copa D de plástico, la cuarentena se entrega a los bajos fondos del materialismo.

La vida es una ilusión obviamente no es una crónica social, sino que sobre la base de personajes conocidos (con fantasías de macho incumplidas a la orden del día), la película ofrece una crítica de la sociedad. Se entiende que es una fantasía dirigida por el cinismo y la caricatura con un final un poco trágico.

Louis Morissette, que también es el guionista, sabe cómo insertar sátira a su pequeña crítica social. Aunque la angustia existencial que trata de describir es muy básica, con recursos que asombran en la televisión pero que en cine son innecesarios. Parece el capítulo final de una serie, la música es de última moda o apropiadamente ochentera para evocar la juventud del cuarentón.

La vida es una ilusión sería una sátira mordaz sobre el estilo de vida acomodado occidental, pero en última instancia, no es más que una pequeña comedia negra con frecuencia centrada en sentimientos primarios.  Nos reímos. Sí. Podemos ver desde Canadá, uno de los países más laureados por su estado de bienestar, el otro lado de esa prosperidad, en personas acomodadas que no han conocido nada de problemas más allá de las bajas temperaturas, y este tipo de filmes con una mejor tesis nos hace preguntar ¿por qué llegan algunas películas y otras no? Esa es la verdadera pregunta sin respuesta de La vida es una ilusión.