Editorial 119

Oiga, mire, vea...

 

En Cali vive el cine, eso lo tenemos claro. Pese a estar identificada con la salsa, la rumba y el hedonismo, la capital del Valle del Cauca tiene una larga y profunda asociación con el cine, una relación pionera y casi mítica que se pierde hasta los orígenes de este arte en Colombia.

En los años setenta del siglo XX la triada de Andrés Caicedo, Luis Ospina y Carlos Mayolo, con su labor creadora, crítica y de formación de públicos convirtió a Cali en “Caliwood”, un momento y un lugar donde todas las utopías eran posibles y la efervescencia artística vivía desatada. Cuando en 1971 Ospina & Mayolo realizan Oiga vea parecen estar haciendo una llamado al mundo audiovisual, para que no solo se fijen en ellos, sino para que oigan y vean lo que hay ahí afuera y lo registren con sus cámaras.

El suicidio de Caicedo en esos mismos años podría haber acabado con todos los sueños cinéfilos de esa generación, pero la irrupción de la academia, de la televisión regional, y de una nueva camada de autores ha mantenido a Cali a la vanguardia de la producción nacional, con interesantes y prometedores alcances más allá de nuestras fronteras. Además Luis Ospina continúa como símbolo vivo de lo que esta ciudad y su gente pueden lograr.

Kinetoscopio ha querido reconocer lo que acontece allí y por eso le dedicamos este dossier al cine hecho en la capital del Valle. Inicialmente trazamos un panorama global de lo que fue y es el cine caleño, para luego –de la mano testimonial de Sandro Romero Rey– hacer un recorrido por el “grupo de Cali”, pero no con el espejo retrovisor sino mirando hacia delante, a lo que ellos sembraron. Ya que el editor de esta revista es caleño, nos trae una remembranza de su infancia en el barrio San Fernando y su homónimo teatro. Por último repasamos, con nuestros críticos de cabecera, algunas de las producciones recientes que le han traído brillo (y alguna que otra polémica) a la filmografía local. Cintas de Carlos Moreno, César Acevedo, Óscar Ruiz Navia, William González, Jhonny Hendrix Hinostroza y el propio Ospina llegan a estas páginas bajo nuestra lente.

Hacer cine en Colombia nunca ha sido sencillo, pero pareciera que en Cali –contagiada de la fertilidad de la tierra vallecaucana– los proyectos y las películas germinaran con más facilidad que en otras regiones. No sabemos la fórmula, pero la disfrutamos como espectadores y como testigos agradecidos de lo que acá se vive.

Feliz lectura y buen cine.

–El editor