Escuela de crítica

Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio

Me llamo Marina

 

Por Nataly Erazo Ospina
Medellín, Colombia

 

Se abre el telón con el espumoso torrente de unas cataratas, poesía, música y color. El protagonismo estético de la película se sigue con un juego de luces, y entonces, con sutileza, su director, Sebastián Lelio,  va ciñendo el encuadre a la naturalidad de historia. Una pareja, un romance, un punto de quiebre.

La  cinta chilena ondula el Oscar del año a mejor película extranjera, y es a su vez, la ganadora a mejor película iberoamericana de los premios Goya, es, en definitiva, una pieza para la historia. No solo por ser el primer largometraje chileno reconocido en los premios de la academia, sino también por ser un instrumento para la lucha social.

Aparece Marina, una mujer de piel glacial y mirada altiva, y su presencia no desdibuja la propuesta estética de la obra, que sigue con cuidado apareciendo en cada composición y en cada luz. Pero Marina es la protagonista, y a ella se le concede la mirada y también el corazón.

Porque su historia nos lleva por las angustias y la penas de perder al ser amado, pero sobretodo, nos asoma a una sociedad hipócrita y anquilosada que sigue desconociendo los derechos de sus ciudadanos, todos ellos, sin distinción. Y Marina, es ella, una mujer trans que ve morir a su pareja, y que avanza por las dimensiones del largometraje arrastrando su dolor, pero también su entereza por defender lo que por consciencia le pertenece.

Marina, interpretada por Daniela Vega, tiene las palabras precisas –otorgadas, claro, por el genio del guion - y tiene la actuación sutil, esa cadencia justa que no exagera el gesto, pero que bien sabe transmutar la impotencia y la tristeza a través de la pantalla. Marina mira de frente, y en sus ojos fijos nos reflejamos todos.

La película, sale de los cines a la calle y al palacio de Gobierno de Chile, se instaura en la agenda política, y se convierte en instrumento social para adelantar una ley nacional por la identidad de género.  Una propuesta en la que las personas puedan elegir el nombre que los represente, así, como cuando su director decidió llamar a esta cinta: Una mujer fantástica.

 


Nataly Erazo Ospina
Estudiante en formación de la Escuela de Crítica de Cine