Escuela de crítica

El joven Marx, de Raoul Peck

Aproximación a una época convulsa

 

Diana Carolina Gutiérrez
Medellín, Colombia

 

Hacia el año 1843, en un contexto de intelectualidad fuerte contrastado con grandes grupos de obreros y el proceso de modernización a través de las máquinas y la industria donde se quería ver al viejo mundo arder, se ubica El joven Marx (2018), dirigida, no casualmente, por Raoul Peck, director de películas como I Am Not Your Negro (2016) y vinculado con causas políticas y activismo social en diferentes partes del mundo.

Es entonces, en el siglo de los nuevos discursos, las luchas de independencia y la división social arraigada, donde esta historia une a Marx con Engels, pieza ideológica fundamental para la obra posterior de Karl Marx. A primera vista, Marx, como fugitivo e hijo de un judío converso, no parece llevarse muy bien con Engels, intelectual burgués de familia empoderada, pero encuentran finalmente líneas comunes en su búsqueda por reformar lo político-económico. Será Engels quien se inmiscuya en los suburbios obreros y se mueva, junto a Marx, entre las altas esferas aristócratas y las calles sórdidas de la plebe.

Esta división de clases se evidencia de muy buena manera en la indumentaria y la dirección arte decimonónica, que como la mayoría de películas de época, es característico y atractivo. Los sombreros y vestidos de tejidos finos para la clase alta y las pañoletas y colores pálidos para la clase obrera, donde los primeros se convierten en un monstruo para el proletario y el comunismo para los segundos –impulsado por Engels y Marx- en un signo y promesa de la libertad laboral en una lucha que apenas hacia 1844 iba a estallar.

Hay que hablar del personaje de Marx, que aunque lo enmarcan como joven, no se siente ni se ve tan joven, su rostro refleja cierto cansancio y trajín con un carácter bastante definido, evidenciado en escenas donde ejerce dura crítica enfrentando reticencias políticas; y aunque es una muy buena actuación, quizá la caracterización pudo haber sido más fresca y dinámica.

La importancia en esta película no está tanto en la formación del argumento, más que en el acercamiento a esa época convulsa de la que ellos dos fueron testigos; de ahí que muchas escenas sean exclusivamente para mostrar el discurso ideológico de Marx – no necesariamente apologético- sin presentar demasiado conflicto o tramas complejas, más bien, con la idea de reforzar sus teorías a través de los diálogos.

Finalmente, uno de los puntos fundamentales en el personaje, es cómo se le presenta el dilema de la lucha frente al sustento económico que debe adquirir para su familia –que, por cierto, el papel de la mujer en la película es notorio–. De esta manera se debate junto a su compañero entre tomar un descanso y realizar otro tipo de textos o generar una organización proletaria y territorial para instaurar de raíz una lucha y escribirle a la misma un texto cumbre.

Sería luego de los treinta años que Marx forjaría su tarea intelectual férrea y el “espectro del comunismo por Europa” apenas empezaría a dar muestra de la lucha de clase que se sorteaba en contra de la desestructuración de las relaciones reducidas a lo monetario, y a las ganancias exageradas que negaban el deseo libertario, así, la película permite una mirada sensata a las condiciones del XIX alrededor de Marx.

 


Diana Carolina Gutiérrez
Estudiante en formación de la Escuela de Crítica de cine