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Shoplifters, de Hirokazu Kore-eda

Palma de Oro de Cannes 2018

La humanidad

 

Manuel Yáñez M.
Barcelona, España

Horas antes de la entrega de la Palma de Oro del 71 Festival de Cannes, el japonés Hirokazu Kore-eda no aparecía entre los principales favoritos al galardón. Liderando la carrera por el premio, figuraban películas ensalzadas por su virtuosismo formal (Burning, de Lee Chang-dong), por su rabiosa singularidad (Le livre d’image, de Jean-Luc Godard) o por su exuberante magia cinematográfica (Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher). Por su parte, Shoplifters (Manbiki kazoku), el decimotercer largometraje de ficción de Kore-eda, con su apuesta por una emotividad discreta y por la austeridad formal, se desmarcaba de todo sentido de la espectacularidad. Como suele ocurrir en la obra del cineasta nipón, aquí los significados emergen de forma transparente, perfectamente integrados en una escritura fílmica de corte clásica, basada en la arquetípica construcción de personajes, en el conciso desarrollo de la trama y en la clara relación entre la acción y el contexto social. Cualidades que, en el caso de Shoplifters, Kore-eda utiliza para preguntarse por la naturaleza de los vínculos familiares, así como por el desamparo de aquellos que se ven empujados a la marginalidad. Reflexiones que el director de Still Walking (Aruitemo aruitemo) sitúa de manera concreta en el ámbito japonés, pero que resuenan de un modo universal, como certifica la Palma de Oro otorgada por un jurado internacional.

Shoplifters cuenta la historia de una excéntrica familia que sobrelleva sus penurias con una bonhomía contagiosa. Los empleos de los padres (Lily Franky y Sakura Ando) apenas garantizan el sostén económico familiar, que resulta posible gracias a la pensión que recibe la “abuela” (Kirin Kiki), gracias al trabajo de una hija mayor (Mayu Matsuoka) en un club de contactos eróticos que remite al de París, Texas, y gracias a los pequeños hurtos que realiza el patriarca del clan junto a los dos pequeños de la casa: Shota (Jyo Kairi) y Rin (Miyu Sasaki), a quien la familia acoge después de descubrirla en estado de semi-abandono en la calle. Desde un principio, Kore-eda no oculta al espectador los aspectos más inquietantes de este retrato familiar: el padecimiento económico, el cuestionable uso de los niños para realizar robos, o el estado de alienación inherente al trabajo sexual de la hija mayor. Sin embargo, lejos de juzgar tajantemente a sus personajes, el director de El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) los observa con indudable cariño, abrazando su cotidianeidad casi como si se tratara de un ejemplo heroico de supervivencia tanto material como emocional.

Este contraste entre la sospecha de posibles faltas morales y la evidente simpatía que despiertan los personajes –seres humanos que sufren y aman– genera un sugerente territorio de ambigüedad en la relación del espectador con el film. Una ambigüedad que irá in crescendo a medida que la trama vaya exponiendo la cara más siniestra de la realidad de los protagonistas. Un audaz ejercicio de dramaturgia que, más allá de los vaivenes en la narración, pone de manifiesto la mirada desprejuiciada y humanista de Kore-eda. De hecho, Shoplifters puede verse como una suerte de compendio de ciertos intereses expresados por el cineasta japonés en anteriores films. Ahí está, por ejemplo, la preocupación por el bienestar de los niños en una sociedad incapaz de cubrir las necesidades los más necesitados, un tema que vertebraba Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004). O también el estudio de los vínculos paterno-filiales en la destacable De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni Naru, 2013) , donde dos familias (una rica, otra pobre) descubrían que sus hijos habían sido intercambiados al nacer. ¿Qué da lugar y forma a un lazo de parentesco? ¿Es la consanguineidad el único factor determinante? ¿O quizá debe prevalecer el factor afectivo? Complejos interrogantes que la obra de Kore-eda aborda con humildad y valentía, interpelando a la conciencia y a la emotividad del espectador sin caer en el sentimentalismo. Un cine que sabe camuflar la urgencia de su denuncia social, bajo el delicado acercamiento a una serie de odiseas cotidianas. Una cuestión de pura humanidad.