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Amantes por un día, de Philippe Garrel

El sexo que colma vacíos

 

La lealtad tiene un corazón tranquilo”.
William Shakespeare

Ingrid Úsuga O.
Medellín, Colombia

¿Qué es la fidelidad?, ¿qué es lo verdadero? y ¿qué es el amor?, todo es muy contradictorio: los seres humanos buscamos encontrar ese amor que nos llene, pero los impulsos sexuales por otras personas a veces aparecen; entonces ¿en qué está basada la fidelidad?, ¿qué es más importante en una relación de pareja? ¿Amar es estar cómodo y aburrido?, ¿es una necesidad absurda?, estas son algunas de las preguntas que se plantean los tres personajes principales de Amantes por un día (L'amant d'un jour, 2017), de Phillipe Garrel.

La película es la última entrega de la trilogía compuesta por Los celos (La jalousie, 2013) y  A la sombra de las mujeres (L'ombre des femmes, 2015), cada una con una extensión de menos de 80 minutos y rodadas en 35mm a blanco y negro, en solo 21 días. Las tres narraciones son una combinación de las emociones que rodean al amor: como los celos, la lujuria y la infidelidad; y con unas historias que se centran en sus protagonistas femeninas.

Sus personajes son Jeanne, es la hija del profesor de filosofía Gilles (Éric Caravaca) que tiene una relación de pareja con una de sus alumnas, Ariane, una joven extrovertida y abierta (la actriz de teatro Louise Chevillote). Jeanne acaba de llegar a la casa de su padre desesperada y adolorida porque su novio la dejó, ella al llegar donde él descubre que él está viviendo con otra mujer, pero lo que no sabía era que tenían la misma edad. Ariane le pregunta a Jeanne si no le importa que tengan la misma edad, a lo que ella le responde que no.

La trama de la historia se va desarrollando a medida que nos van mostrando las caras verdaderas de cada personaje, con sus dolores e incertidumbres. Quizá la relación más bonita que se construye en el filme es la de Jeanne y Ariane, que se convierten en amigas y confidentes, guardándose secretos y ambas siendo muy diferentes. Jeanne es un poco conservadora, tímida y hermética, Ariane es más abierta, libre y extrovertida. Las dos cuando se sientan a conversar muchas veces hablan sobre lo que es el amor en pareja, Jeanne piensa que es costumbre y eso lo ama y lo odia al tiempo, porque cree que se convierte en una necesidad asfixiante y por el contrario Ariane piensa que no debe ser así:

Ariane:
¿Nunca has tenido sexo por diversión?

Jeanne:
No. Solo una vez al principio, por curiosidad y fue una mierda. Digo, no fue una buena idea.

Ariane:
Saber cómo escoger a tus amantes es la clave.

Al ser las mujeres protagonistas del filme, les quita cualquier rol “pasivo” que puedan tener, demostrando esa nueva actitud “millennial” en el que la mujer se libera de la imagen machista de la sociedad,  que las define como reservadas sexualmente solo para su pareja, pero en el que los hombres podrían ser infieles sin que esto se vea mal visto éticamente. En uno de los momentos Ariane le dice a Jeanne: “Ya sabes, los hombres te engañan sin advertencia ni escrúpulos, pero lo que no soportan es que las mujeres hagamos lo mismo. Así que la única solución es hacer lo mismo. Y no decírselo”.

¿Qué es más válido? Un amor con apegos, con remordimientos y autoengaños o un amor libre de culpas, de represiones en el que –en este caso- las mujeres se convierten en dueñas de sus elecciones, aprendiendo a darse gusto, a conocerse, a ser leales consigo mismas. A fin de cuentas, el amor más valioso y que debe estar por encima de cualquier relación es el propio.  El amor debería ser algo que nos permita aceptar que se puede acabar, pero que al fin y al cabo nos enseñará y nos llenará el alma indiferentemente del tiempo que dure, como le dice Ariane a Jeanne después de haber llegado rota a la casa de su padre: “Ya lo superarás. Siempre lo hacemos. Hablo por todas las mujeres y también por ti”.

El título representa la obra en todo su contexto y significado. Los amantes por un día son eso… amantes que duran un momento, un instante, una eyaculación para no volver a serlo, para no volver a existir en la vida de la otra persona, para no representar más que un impulso sexual de un momento como cualquier otro y, que aunque son “importantes” emociones, no duran más que un soplo de vida y que se esfuman una vez se hayan consumido por el deseo y el placer.