Escuela de crítica

Bastards y Diablos, de A. D. Freese

Seguir la aventura de cerca


Por Verónica Salazar

Bastards y Diablos es el primer largometraje de A. D. Freese, una producción con equipo (mayoritariamente) estadounidense y colombiano que se desarrolla en Colombia, lo que logra construir un breve pero grato retrato del país. Se estrenó en el LAFF (Festival de Cine de Los Ángeles) y tres años después llega a las salas del país donde se grabó.

La premisa de este relato no es nueva: un hombre muere y deja una serie de instrucciones para que sus hijos sigan un camino y cumplan los deseos de su padre fallecido. Esto ya lo han explorado películas de todo tipo, desde el drama más profundo hasta la comedia crispetera. Cinco días sin Nora (2008), Incendies (2010) y Due Date (2010) son unos ejemplos de lo variable que ha sido el tratamiento, por lo que una cinta más sobre el tema tiene el reto de sorprender o, por lo menos, innovar.

Los protagonistas de esta película son Ed y Dion, quienes se ven casi que obligados a convivir en familia, y van sacando a relucir sus enormes diferencias al mismo tiempo que sanan heridas viejas y se acercan entre ellos. También van construyendo -y comprendiendo- la figura de su padre y descubren parte de lo que él quiso contarles a través del viaje que les indica que deben hacer. Con una carga emocional fuerte, cada uno va encontrándose en el otro y, como en todos los viajes, se ven transformados de alguna manera por el camino.

A lo largo de este recorrido se hace mucho énfasis en la masculinidad tradicional, con varias escenas en las que se pone “a prueba” al macho, se plantea una competencia eterna entre los hermanos (bueno, hermanos medios) pero esta pelea va más allá de su relación filial, pues se enfatiza mucho más desde la idea del hombre fuerte que del hermano. Es decir, se dedica buena parte del guion a discutir e ilustrar imágenes sobre el vello facial, mantenerse en forma, la fuerza, la capacidad de tomar, la forma de comportarse con mujeres, y así. Y aunque en ningún momento se toca el tema del género ni es relevante para el relato, es uno de los factores que caracteriza el conflicto entre Ed y Dion.

Bastards y Diablos se siente ligera, a veces muy cercana por el tema familiar, por los paisajes colombianos que cualquier habitante del país identifica emocionado, también porque es muy estética sin tener tomas tipo postal, mirando más bien algunos detalles. Casi toda la película fue grabada con cámara al hombro, por lo que los planos se mueven bastante y hay pocos cortes, lo que construye un ritmo que va acorde con la historia. Pero a veces la historia se siente fragmentada, como si le faltaran conectores a una escena con las demás. Esto se debe a que hay dos líneas del relato: una cuenta el recorrido de Eduardo y Dion por Colombia, y la otra es un monólogo del padre, Gabriel.

El formato del filme se percibe cercano, cotidiano sin ser contemplativo, antes algo incisivo, inmediato. De no ser porque algunas actuaciones se ven sumamente evidentes, podría hasta pasar por documental, especialmente porque no es una historia descabellada y encaja completamente en un realismo básico. Además, constantemente los diálogos van revelando información que, en otro formato narrativo, podría mostrarse en vez de contarse.

En varias partes del relato se siente una carga emocional como forzada, impuesta sobre los personajes y sobre el espectador. Es como si la película nos dijera: “Es aquí donde debes reír”, “es aquí donde debes reflexionar”, pues se agregan elementos como una melodía instrumental extradiegética y ese monólogo de Gabriel con voz en off que, junto con los planos cerrados y los colores vivos que acompañan la historia, se termina ejerciendo más presión de la cuenta en los aspectos reflexivos y empáticos.

Claro, no es una gran producción experta ni una serie de sorpresas, pero cumple con la promesa que hace, que es explorar los lazos familiares y sensibilizar al espectador. Lo invita a la retrospectiva y a la introspectiva. Con el riesgo de gustar más en un público americanizado, y sin caer en ese exotismo que caracteriza las películas extranjeras sobre Latinoamérica, el resultado final es una road movie algo saturada, muy optimista en ejecución y tratamiento, a pesar de no tener mucha pulcritud ni minucia, pero con potencial para entretener y atraer.


Verónica Salazar
Estudiante en formación de la Escuela de Crítica de Cine, proyecto de Cinéfagos.net y Kinetoscopio.