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El viento se levanta, de Hayao Miyazaki

Sueños condenados

 

Por Yasmín López
Medellín, Colombia

 

El anuncio lo hizo el director general de Studio Ghibli en 2013 durante una conferencia de prensa en el Festival de Cine de Venecia: “Miyazaki ha decidido que El viento se levanta será su última película y que se retirará”. No es la primera vez que Miyazaki anuncia su retiro, pero podría ser la última. Su canto de cisne es una ficción basada parcialmente en la novela de 1937 de Tatsuo Hori, Kaze Tachinu, sobre la vida del ingeniero japonés Jiro Hirokoshi, diseñador del avión de combate Zero empleado por Japón en la Segunda Guerra Mundial.

La historia empieza cuando Jiro tiene diez años y sueña con ser piloto. Aunque es miope, no renuncia a su fascinación por los aviones y sigue una carrera como ingeniero aeronáutico. Entretanto, el mundo entra en guerra. El niño que quiere construir aviones es empujado por el curso de la historia a diseñar máquinas de guerra. La película se desarrolla de principio a fin entre la vida despierta de Jiro y la de sus sueños, en los que sostiene largas conversaciones con el diseñador aeronáutico italiano Giovanni Caproni. Los aviones no son útiles para la guerra, son hermosos sueños que los ingenieros hacen realidad, esta es la consigna de Caproni. En cuanto a Jiro, él solo desea diseñar aviones hermosos.

La otra gran pasión de Jiro es Nahoko, una joven a la que conoce durante un terremoto. Años después, Nahoko se convierte en su esposa, pero también este amor es marcado por la fatalidad. Nahoko contrae tuberculosis y muere sin Jiro, alejado de su lado por las exigencias de su trabajo. El viento se levanta (Kaze tachinu, 2013) hace una amarga reflexión sobre el precio que debe pagar Jiro por su sueño. No solo los aviones que ha creado se usan en una causa que él no apoya, sino que su dedicación a ellos le impide acompañar a su esposa cuando está muriendo. ¿Vale la pena? La respuesta viene de Caproni: “Volar es el sueño de la humanidad, pero ese sueño es una maldición. Los aviones parecen destinados a la masacre y la destrucción. Aun así, elijo un mundo con pirámides”. Sí, es la respuesta de Miyazaki en El viento se levanta, los sueños valen la pena, incluso si dañan a la sociedad y al soñador.

El viento se levanta es una entrega inusual en la obra de Miyazaki. Aunque estéticamente son reconocibles sus trazos obsesivos, los gestos cuidados de los personajes, los paisajes preciosos, dos elementos la ubican en marcado contraste con sus demás películas. A excepción quizás de Porco Rosso (Kurenai no buta, 1992) y La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997), la obra de Miyazaki está dirigida a un público infantil. Difícilmente un niño entendería las densas meditaciones sobre la vida y las referencias extratextuales (entre otras, a Mann y La montaña mágica) de El viento se levanta. Luego está el tratamiento del personaje femenino. Miyazaki es conocido por crear mujeres fuertes, valientes y curiosas, que generalmente llevan el hilo de la historia. En El viento se levanta el principal personaje femenino, Nahoko, no solo es un personaje secundario, sino que carece del espíritu que caracteriza a sus heroínas y villanas.

Al mismo tiempo, El viento se levanta es quizás la más Miyazaki de sus películas. Al igual que Jiro, Miyazaki está enamorado de los cielos. Desde el cielo el mundo se revela ante sus personajes, en el cielo son libres, el cielo les abre todas las posibilidades. Por eso en sus películas Miyazaki aprovecha cualquier vehículo para elevar a sus personajes, desde artefactos obvios como aviones, hidroaviones o dirigibles, hasta bicicletas, escobas y castillos. No solo los une una pasión, las vidas de Jiro y Miyazaki están signadas por el mismo conflicto fundamental. Jiro es un hombre suave, que no duda en defender a un niño del acoso de sus compañeros, hacerse cargo de una pequeña y su criada herida en una situación en la que los demás corren por sus propias vidas, compadecerse del hambre de los niños en la calle… y sin embargo, diseña máquinas que transportan bombas para matar personas. Miyazaki ama los aviones de guerra –su padre mismo se hizo rico vendiendo repuestos para ellos– pero ha dedicado gran parte de su vida a proclamar en sus historias un mensaje antibelicista.

El lazo que de forma más íntima une a Jiro y a su creador, la razón por la cual El viento se levanta puede verse como un muy personal testamento cinematográfico de Miyazaki, es que uno y otro terminan desgarrados por el oficio que aman. En el documental The Kingdom of Dreams and Madness (Yume to kyôki no ôkoku, 2013) de Mami Sunada, Miyazaki, con palabras que parecen salidas de la boca de Caproni, se lamenta: “Las personas que diseñan aviones y máquinas…sin importar cuanto crean que lo que hacen es bueno, los vientos del tiempo terminan por convertirlos en herramientas de la civilización industrial. Nunca salen incólumes. Son sueños condenados. La animación también… ¿cómo sabemos que las películas siquiera valen la pena?”. La despedida de Miyazaki es un clamor, hermoso como el viento que tanto ama.

*Este artículo hace parte de la edición 114 de Kinetoscopio "Caminos de la animación contemporánea".